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Enyo siguió el rastro unos kilómetros hasta que desapareció, mezclándose con otro olor. Este era de madreselva y lavanda con un toque de quemadura antiséptica.

—Es ella —insté.

Miramos alrededor y seguimos las ramas rotas que apestaban a ambos olores, con sangre salpicando el suelo. Enyo persiguió...