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40. No sabía que eras tú

—Abre la puerta, Rizzo —exigió Atenea, queriendo parecer mordaz, pero ante los ojos de Valentino solo se veía como una muñequita adorable, toda refunfuñada.

—Valentino.

—¿Qué?.

—Que me llames Valentino —acortó la distancia entre ambos antes de que ella huyera nuevamente de él—. ¿Qué te cuesta l...