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30. El fuego que los consume

Atenea regresó a su habitación, recogió su cabello en una coleta mientras soltaba un bufido, frotándose las sienes por el leve dolor de cabeza que la mantenía malhumorada.

Se deshizo de sus tacones y los apartó con los pies. Solo quería tirarse en la cama y dormir; tenía el cuerpo adolorido, ya que...